Nueva ley comienza a renovar algunas propiedades del Sur de Tucsón

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Damon McGuire compró un complejo de apartamentos de 10 unidades  en 33rd Street en el Sur de Tucsón hace cinco años.

Para el proveniente del norte de California, la inversión se hizo con ojos que no y ven corazón que no siente. El complejo se deterioró. Al poco tiempo se convirtió en una madriguera de drogadictos, narcotraficantes y prostitutas.

“Sabía que había problemas, pero no sabía qué tan mal estaba la situación”, dijo McGuire. “[La ciudad] me criticó fuertemente”.

Una nueva ley le ha dado la autoridad a la ciudad del Sur de Tucsón para que responsabilice a los arrendadores por las condiciones de sus propiedades, ya sea que este viva o no viva en el Sur de Tucsón.

La ley de protección al vecindario, aprobada por el ayuntamiento el pasado diciembre, tiene como meta limpiar las propiedades alquiladas del Sur de Tucsón, permitiéndole a la ciudad llevar al arrendador ante el tribunal si sus edificios o casas se encuentran en mal estado o si sus arrendatarios son el objeto de quejas.

“A la gente que paga alquiler  no le interesa tanto la propiedad como al propietario”, explicó el juez  Ronald Wilson del Tribunal Municipal del Sur de Tucsón. “Esta ley le ayuda a la ciudad a responsabilizar a los dueños por las condiciones de su propiedad”.

Los arrendatarios ocupan alrededor del 60 por ciento de las viviendas en esta ciudad de 1,2 millas cuadradas. En algunos casos los propietarios no viven en el área y no se percatan de lo que sucede en sus edificios, ya sean acontecimientos de actos delictivos o de falta de mantenimiento.

Ahora con la nueva ley, los propietarios pueden enfrentar demandas civiles y penales, según las acciones de sus arrendatarios y las condiciones de sus propiedades.

“Esta ley le da más autoridad a la ciudad”, dijo el alcalde de la ciudad del Sur de Tucsón Enrique Serna.

La policía y la ciudad han recibido numerosas quejas sobre ciertas casas y complejos en renta, como el que posee McGuire. En éste se solicitaban intervenciones policiales más de cien veces al año.

“Era un zona peligrosa en la comunidad. Me encontraba horrorizado. No tenía idea de que la condición se había puesto tan mal. Fue alarmante”, exclamó McGuire. “La ira [de la ciudad] fue benéfica. Me pareció apropiada y eso lo aprecio. Algunas personas necesitan una llamada de atención”.

La ciudad del Sur de Tucsón le notificó a McGuire que su propiedad no cumplía con la ley, amenazándole con tomar medidas legales en su contra.

“Lo contactamos y el vino para ver los hechos por sí mismo. Cuando lo hizo, sintió mucha pena a causa del estado del lugar”, dijo Serna.

Desde que se efectuó la ley, los propietarios han sido 100 por ciento receptivos y han desalojado a un total de 25 arrendatarios en la ciudad, incluyendo a cuatro personas del complejo de McGuire. Aun así, la ciudad está trabajando con la oficina del fiscal del condado de Pima para establecer las penas civiles y penales que enfrentarán los propietarios que no sigan la ley, añadió Serna.

“Claro está que en algunos casos tendremos que llevarlos ante el tribunal”, comentó él.

Serna explicó que muchos propietarios y gerentes de complejos no han revisado la veracidad de los nombres de algunos de sus residentes ni sus antecedentes.

“Se han hecho los de la vista gorda con respecto al tipo de personas al que le rentan”, dijo.

Dada la ley y las consecuencias que los propietarios podrían enfrentar, la ciudad espera que cada propietario escoja con más cautela a sus arrendatarios.

“Ellos le rentarán a personas que valoren más su propiedad”, dijo Wilson. 

Patricia Díaz, una tucsonense del sur de segunda generación y dueña de dos lotes en Eighth Avenue, comentó que acepta abiertamente la nueva ley.

“Me gustaría que fueran más los propietarios que en efecto vivieran en su propiedad”, expresó Díaz.

Ya que Díaz y su esposo viven al lado del hogar de sus arrendatarios, a ella se le facilita controlar lo que pasa en su casa, pero ella sabe que ese no es el caso de otros propietarios.

“Puedo salir a mi jardín del frente, mirar al lado y ver qué está sucediendo. Si mis arrendatarios comienzan a armar bulla, puedo decirles ‘Oye, dejen de hacer ruido’”, dijo ella. “Realmente nos importa el Sur de Tucsón. Puedo mirar a lo largo de la calle y darme cuenta de quiénes son los propietarios y quiénes no lo son.”

Serna comentó que espera que la nueva ley ayude a limpiar la ciudad del Sur de Tucsón, la cual tiene una mala reputación por su alto número de delitos y edificios deteriorados.

“Esto mudará la génesis del estigma que rodea al Sur de Tucsón”, comentó.

En el transcurso de la semana en que recibió la notificación por correo, McGuire desalojó a los residentes problemáticos.

Pasó una gran parte del verano pasado en el Sur de Tucsón arreglando él mismo el complejo y le ha dado la labor de supervisor de sus departamentos a un gerente in situ.

Durante una de sus visitas McGuire cruzó la calle, dirigiéndose hacia HOPE Recovery en 34th Street, para hablar con sus vecinos a cerca de la situación del complejo.

“Les dije que yo era el dueño de la propiedad y que estaba en serios problemas. Siendo ellos mis vecinos del frente comentaron que ya lo sabían. Ellos lo veían”, dijo McGuire.

McGuire habló con Pete Moore, el director ejecutivo de HOPE Recovery, una organización religiosa que le ofrece servicios a drogadictos en recuperación.  

McGuire, un ex-adicto que ya lleva 21 años sobrio y que trabaja en el campo de recuperación, sugirió que su complejo se convirtiera en una vivienda para los participantes del programa HOPE Recovery.

“Quería que se convirtiera en una mano de apoyo para el tratamiento. Sólo quiero a gente sobria y no intoxicada. Existe una gran necesidad de eso en esa comunidad”, comentó él.

Trinity Landscaping, una división de HOPE Recovery, brindo su ayuda para limpiar el edificio.

“Nos juntamos para ayudarnos mutuamente”, comentó Moore.

McGuire contrató a más trabajadores capacitados, quienes le hicieron renovaciones al edificio, como la instalación de aire acondicionado, para atraer a arrendatarios de buena índole.

“A sido un verano de proyectos de construcción aquí en Tucsón. Tengo unas cuantas canas más”, dijo McGuire medio en broma. “Pero estamos tratando de que todo funcione”.

Moore dijo que las unidades de HOPE Recovery están llenas y que se espera que permanezcan así.  

“Ahora es un lugar seguro para que los inquilinos se enfoquen en su recuperación,” explicó.

Según la ciudad, desde poco después de que se notifico a McGuire, no se ha solicitado que se presente la policía en el complejo.

“Es una obra en proceso, pero ha sido milagrosa,” dijo McGuire. “Los vecinos están maravillados con lo que estamos haciendo.”

Serna dijo que espera que con esta ley se mejore la comunidad, así como lo ha hecho el edificio de McGuire.

“La mayoría de la gente cuida de su propiedad. Nosotros iremos tras de aquellos que no lo hacen,” explico Serna. “Estamos limpiando la casa.”

 

 

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