Salsa de companía de Tucsón popular con turistas y gente local

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“Todo está en la muñeca”, dice Oscar Segura, señalando a su hijo Oscar Segura Jr., quien usa un embudo y, efectivamente, un movimiento rápido de la muñeca para llenar un gran número de botellas de vidrio con una espesa salsa picante naranja.

“Claro, el tiene su manera de hacerlo y yo tengo la mía”, dice Segura guiñando un ojo.

La familia Segura es dueña de la compañía local Poblano Hot Sauce Inc. Producen 960 botellas de salsa diariamente de la manera tradicional, a mano, en su fábrica de un cuarto que está limpia, pero desordenada. Está ubicada en un parque industrial cerca de South Palo Verde Road y 44th Street.

“Sólo tenemos una máquina en todo el lugar, un molinillo”, dice Segura. “Puede moler 100 libras de chiles en 15 a 20 minutos. Le llamo The Big Monster [el “Monstruo Grande”]”.

En las noches, Segura, 74, se sienta delante de The Big Monster para moler cantidad tras cantidad de los mejores chiles que pueda encontrar, unos de la Florida, otros de Sudamérica y hasta de Japón. Su esposa, Gloria, 73, se sienta afuera en una silla de plástico para evitar el humo abrasador.

Durante el día, Segura y sus hijos Oscar Jr. y Vicente, 33, embotellan, empaquetan y envían la salsa a lo largo y ancho del país, manteniendo una tradición de 85 años que el padre de Oscar, Nicolás Segura, comenzó.

Nicolás y su esposa Angelita salieron de México a principios de la década de 1920 en busca de una mejor vida para su familia. Llegaron a Tucsón, donde, según Oscar, se involucraron en el negocio de los restaurantes e introdujeron el taco doblado a la ciudad para tratar de hacerse un nombre.

“Nadie aquí había visto un taco”, dice Segura. “Ni siquiera sabían si querían probar esta cosa rara, entonces dieron pruebas a todos y regalaban una cerveza de raíz con cada taco para tratar de convencer a la gente que lo probara”.

Los tacos fueron un éxito, pero fue la receta secreta de la familia para hacer salsa picante que atrajo la atención de amigos y socios. Le sugirieron a Nicolás que comercializara el producto, pero, según Oscar, su conocimiento limitado de la lengua inglesa y su falta de experiencia en la mercadotecnia le impidieron hacerlo.

Nicolás se concentró más bien en su restaurante que quedaba en el centro, La Casita Café, hasta que en 1945 un accidente de cocina lo quemó severamente. Tuvo que dejar el negocio de los restaurantes, dijo Oscar.

Después del accidente, Nicolás dirigió su atención a la salsa. Con la ayuda de sus cinco hijos, que incluía a Oscar que en ese entonces tenía 10 años, Nicolás empezó a empaquetar la salsa para venderla en botellas vacías de cerveza Miller en una fábrica provisional en su casa en el Sur de Tucsón que quedaba en la esquina de Grande Avenue y Sonora Street.

Tiendas locales de abarrotes de amigos de la familia empezaron a vender las salsas, dijo Oscar, pero no fue hasta unos años después, cuando un par de amigos expertos en los negocios le ayudaron a Nicolás a comercializar su producto a un número de tiendas de cadena más grandes, que su negocio empezó a prosperar.

Cuando Nicolás falleció en 1985, dejó sus recetas de alto secreto, y la titularidad de la compañía, a Oscar, quien se jubiló en el 2005 después de 35 años con la tienda de abarrotes Fry´s para concentrarse en el negocio de la familia.

“Mi objetivo es continuar con el patrimonio de mi padre haciendo la mejor salsa picante en Arizona”, dijo Segura.

Los cuatro sabores picantes de Poblano, Salsa Picante Mexicana Poblano, Jalapeño Verde Poblano, Jalapeño Rojo Poblano y Salsa Ranchera Poblano, están a la venta en las tiendas Bashas’, Fry´s, Safeway y Food City, al igual que en una cantidad de tiendas y mercados más pequeños. También se pueden comprar las salsas directamente de la fábrica de los Segura en 3250 S. Dodge Blvd.

A finales de diciembre, Segura tiene planeado introducir dos sabores nuevos, una de jalapeño amarillo y su salsa más picante, Habanero Poblano.

A pesar de la caída financiera, Segura dice que las ventas están estupendas, porque la compañía sigue atrayendo a la gente local y a “turistas que estén buscando llevar con ellos un pedazo de la ciudad a casa”.

Además de los turistas, Segura considera a soldados de los EE.UU. entre los más grandes admiradores de sus salsas. Segura mantiene a la mano pequeños contenedores especiales de plástico de salsa picante que se pueden llevar con ellos al extranjero.

“Cuando mi hijo estaba en Irak, me envió una foto, era él con sus rifles y su salsa picante, posando, con una nota que decía ‘Estoy listo para la batalla’”, dijo Segura riéndose.

Entonces, ¿qué le gusta más a Segura de dirigir el negocio de la familia? “Los clientes”, dijo él.

“Tengo una carpeta vieja de cartas que gente me ha escrito, gente de Maryland, de Nueva York, y las leo todo el tiempo. Me encanta escuchar de ellos y me enorgullece tanto”.

 

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