Un Juez que conduce hacia la justicia

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Ronald A. Wilson, de 43 años, fue nombrado como magistrado principal encargado de South  Tucson el 3 de marzo de 2002. Desde su oficina en la sexta calle, recuerda la fecha exacta porque ésta marcó un gran hito en su vida.

“Fui el primer juez afroamericano en mi puesto en presidir al tribunal en el estado de Arizona. Fue un gran honor haber podido  alcanzar ese logro tan grade y eso dice mucho sobre la ciudad de South Tucson y la gente que me nombró”.

Ronald obtuvo su licenciatura en la Syracuse University, y su Juris Doctorate (título de abogado) en la facultad de derecho de la Northeastern University. En 1999, la sarcoidosis, un desorden autoinmune no común, lo obligó a mudarse al clima seco de Arizona donde comenzó a trabajar en la oficina del Fiscal en Tucson.

“Extraño el cambio de las estaciones pero no podía respirar o caminar y padecía de mucho dolor. No creía que el cambio de clima haría tanta diferencia”, aseguró.

Ronald ha sido profesor en la Universidad de Arizona y presidente del Comité de los tribunales de salud mental de la Asociación del colegio nacional de abogados de E.E. U.U. (American Bar Association).  Fundó el Instituto Alcumus, un programa de asistencia nacional para la juventud, que guía y previene la delincuencia. Ronald recibió dos galardones en el año 2006, NAACP Rosa Parks Living History Makers y el Martin Luther King Jr. Drum.

A pesar de su currículum, la oficina en la cual trabaja es un viejo closet de almacenamiento en la sede del juzgado municipal en South Tucson. No tiene su propio carro y le pide prestado a su padrastro su viejo Cadillac para ir al trabajo, hasta que le alcance para comprar una minivan para su familia. A Ronald esto lo tiene sin cuidado.

Ronald afirmó: “Una de las razones por las que me encanta ser juez en South Tucson es que puedo mejorar la calidad de vida de las personas de aquí. Soy muy afortunado y es una bendición poder ayudar a la gente”.

Sin embargo, a Ronald el mazo se le hace más pesado unos días que otros. Los casos más duros para él son los que tienen que ver con enfermos mentales. Ronald se crió en hogares adoptivos, con hermanos que sufrían de enfermedades mentales. Según Ronald él fue criado con más de 400 hermanos y hermanas a lo largo de su niñez, de los cuales alrededor del 90 por ciento tenían problemas de aprendizaje y enfermedades mentales.

“Estos casos usualmente tienen que ver con delitos pequeños e insignificantes para mejorar su calidad de vida. La gente no está recibiendo la ayuda necesaria, y se automedican, beben, ingieren drogas y son detenidos antes de venir a verme. Es muy difícil, verlos frente a mí”.

Ronald trabaja estrechamente con la comunidad en South Tucson para la prevención de delitos y para ayudar a la gente antes que lo visiten en el tribunal. Es un placer para Ronald, poder conectar a la gente con los servicios de la comunidad y los programas que pueden ayudarlos; dichas agencias pueden referir personas a Ronald.

“Si alguien tiene una orden de detención pendiente, no se ignorará- la ley es la ley. Pero si puedo, intento ayudarlos,” dijo Ronald. “Me gustaría que la gente piense en mi como un juez justo, piadoso, y compasivo. Si a la gente se le trata con dignidad, respeto e imparcialidad, ellos hacen lo mismo”.

 

 

 

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