Perla Lozada de 18 años, lee en voz alta, despacio pero enunciando cada sílaba, “Que es lo que el autor quería decir con ‘hilos tan pequeños y pegajosos?”
Perla es una estudiante en la clase nocturna de ESL de la señora Stacey Lang en el Tech PPEP ubicado en 1840 East Benson Highway. Es una de muchas personas que están estudiando mucho para aprender el inglés.
Stacey Lang, ha estado enseñando en el Tech de PPEP por dos años y dice que la mayoría de los estudiantes están motivados a aprender inglés con el propósito de “obtener un trabajo e ir a la escuela”.
Aparte de los beneficios económicos también está el aspecto de la ciudadanía. Los servicios de ciudadanía e inmigración requieren un dominio avanzado del inglés que se comprueba en una entrevista verbal, uno de muchos requisitos para la naturalización.
Aunque aprender inglés es definitivamente conveniente, el español sigue siendo parte de la identidad y vida del Sur de Tucson. Esto se puede observar en los restaurantes mexicanos en los que gente de todos lados, van y disfrutan y donde el idioma hablado es el español. Por supuesto, todos los que viven en el lado sur no sólo trabajan en negocios en el lado sur.
“Es una parte de mi vida”, dice Mayena Valenzuela, residente del sur de Tucson originaria de Caborca, Sonora, quien por los últimos seis años ha estado trabajando en Dunkin Donuts localizado en University y Tyndall.
La inmigración es una de las razones principales por la vivacidad de la lengua del español en el Sur de Tucson. El flujo constante de inmigrantes mexicanos y el papel que tienen en conservar el uso del español y mantenerlo ha sido establecido en estudios, desde que López fue el primero en estudiar el tema en 1978.
Esta es una tendencia que absolutamente se vive en el Sur de Tucson. De acuerdo con el censo de los Estados Unidos llevado a cabo en el año 2000, 80.5 por ciento de la población en la ciudad del Sur de Tucson habla otra lengua aparte del inglés dentro de los hogares. De ese porcentaje, el 77 por ciento habla español en casa. Los servicios de ésta área demográfica lo reflejan.
Según Leanne Yoeder, la gerente de la biblioteca Sam Lena en el Sur de Tucson, el 22 por ciento de los libros disponibles están escritos en español. La segunda colección más grande en el sistema de bibliotecas de Tucson está en Quincie-Douglas donde el 13 por ciento de la colección consiste en literatura escrita en español. La mayoría de la población que frecuenta la biblioteca no habla ninguna otra lengua. El enfoque en las necesidades de la vecindad se ve en bibliotecas de toda la ciudad y el uso refleja su éxito. El mes pasado, se contaron en la entrada 11,000 usuarios de los servicios bibliotecarios.
Mientras la mayoría en la situación política actual se quejan, alegando que estos servicios desaniman el aprendizaje del inglés, Leanne se siente orgullosa de que su biblioteca proporciona servicios a la población hispana.
“Espero que las familias le pasen la lengua a las generaciones futuras”, dijo Leanne.
Para esos que dicen que la cultura americana quizás no se está pasando a otros, no es así dijo Stacey.
“Leemos mucho en clase. Hacemos obras de teatro y leemos revistas”, estos sólo son algunos de los métodos de los que usa Stacey para transmitirles el idioma a los nuevos principiantes.
Cuando se le pregunta si sólo les habla en inglés, Lang dice que no tiene otra opción ya que no tiene mucha práctica con el español.
Para Perla, “es mucho mejor así. Es una manera preferible de aprender”.



